6.5.13

Mi interior es
un planeta con
forma de bolero
y hay que jugarlo
a embocarle el tiempo

3.3.13

Nubes


La verdad es que a veces estoy en las nubes
desde aquí nubecinos hacen llover palabras
yo, en esta nube oscura, los quisiera seguir
alguien me saca la lengua, se le ve chiquitita
sus cachetes son los pétalos de una florecita
y yo, que me siento de mala suerte, no sé qué decir
las versos eléctricos de vez en cuando son descargas
pero regreso, y estoy de pie, mirando arriba mientras tú, la sonrisa la subes

24.2.13

La furia de no poder decir, me hace escribir des-pa-ci-to, cada palabra pop-corn que quisiera aventar al público. Quejarme que la vida es una mala película, que me están tocando aventuras muy impropias para un personaje que puede dar más. La furia no tener a quién decir, ni qué decir, me hace sentir un crujir de huesos. Quiero agarrar mis cenizas y garabatear todo con las yemas de los dedos, pero raramente todo sale despacito, y solo puedo dibujar y escribir sinsentidos, es como si tuviera que seleccionar entre tanta cosa destruida en mi interior una palabra o un trazo que parezca entero, para sacarlo de mí y colocarlo en una estructura que se derrumbará y que yo veré caer, y me dolerá esa inconsistencia. Si no puedo jugar ni con mis palabras, y un escupitajo en el suelo perdura más, quizás ni me debería quejar.

5.2.13

Ligero recuerdo que me pesa

El pecho de un pájaro
tibio en mi mente de pronto
años de vuelo hasta el presente
desde aquella vez que pocito en mis manos
se dejó su recuerdo solitario y muy hondo

25.1.13

Su mar

Delante de él una superficie inquieta, infinita, que no cesaba nunca, en donde cualquier cosa que sobre ahí se hubiera posado con delicadeza hubiera desaparecido, como una alcancía de panza irrecuperable. Ahí echó sus recuerdos y una ceniza al aire.

19.10.12

El celeste amarillo de mi sala
es un sedante natural
los días soleados
las azucenas en esta habitación,
blanquísimas, abrigan escarcha
hay que estar quieto
mirando la ventana drogado de tiempo

12.10.12

Técnica

La gabeta de mi escritorio está llena de colores. Quisiera desaparecerlos a pulso. No tener miedo de que se acaben. O a comenzar sin que la inspiración llegue a iluminar mis crayolas y plumones, mis lápices y óleos. Quiero que se arrastren por el papel y lo seduzcan frotándose como animales en celo, todo este color estático necesita movimiento. Y mire, este rayón de azul desenfrenado, como una rabia que parece un cielo, y un rojo que se ha estrellado al papel y sangra. Este garabato sin textura que palpar hace que mis ojos se humedezcan.

Abrazo propietario

Su vecino le miró el culo a su señora mientras pasaban. Se dio cuenta. La pelea le pasó por la mente. Comenzaría por romperle el equipo que ese vago había sacado al muro de su fachada. De paso le tiraría la botella de cerveza apoyada en la ventana. O quizás sería mejor romperla y sostener el pico en la mano y sonreír como un maniático y decirle ¡qué chucha le miras el poto a mi mujer conchatumadre! Pero sigue caminando. Mira al cielo buscando calma. En una ventana en un tercer piso un tipo pelucón y su amigo calvito de gafas miran con lascivia el exotismo de su mujer, ese aire de selvática acalorada y esa raja de las tetas que seguro se ve nítidamente desde esa perspectiva, piensa. Repite: ...selvática. Y la imagina tirándosela como un mono en ese sofá en Tarapoto, y el calor de mierda. Y regresar a Lima porque ya fue suficiente tanto calor. Y ahora estas miradas.
- Mi amor...
- Dime cariño.
- Solo quiero abrazarte.
- Y de acá tú cuándo tanto cariño, di.

Carta para el futuro

¿Por qué ahorcas tu esencia por tus ganas de satisfacer tu orgullo y de darle comodidad a algo que tú no quieres, ese algo que no es tuyo? Tengo preparada mi pregunta. La releo. Da tantos brincos, y tiene una arquitectura tan extraña que debería llevarla escrita. Pendejo dime. En serio, dímelo. Porque seguramente la sacaré de mi bolsillo en un papel o en un boleto, y te la estamparé entre la envergadura de tus dos orejas, para que rebote ahí entre tus cachetes la respuesta falsa que me darás. La leeré con claridad y pausa, como recitándote un poema. Y yo solo recito para un público femenino y unitario, ¿recuerdas? Podrás fingir no comprenderme. Tengo respuesta para eso. O quizás me propondrás ese pinpon cojudo de la retórica ambigua. También tengo respuesta. O contestarás con otra pregunta, o apelarás a mi culpabilidad. La misma respuesta.

Y mi respuesta es muy sencilla. Mi espalda es un poco ancha, puedes trepar por ahí o por mi pecho luego de mi pregunta. Entonces sabrás. Sabrás eso que yo no sé responderte. Porque eso está en la parte de arriba de mi cabeza, en el remolino que hace mi pelo (siempre me gustará darle explicaciones a las cosas). Yo no puedo mirar ahí. Pero mis brazos están preparados para responder automáticamente las soluciones y dudas que ahí fabrica mi cabeza. Ahí tendrás mi respuesta. Por supuesto, mi espalda es lo primero que verás, y mis brazos desconectados, y yo yéndome de ti, y mis ganas de no escribirte más como una baba de caracol alejándose desde tus pestañas. Ni una carta más, ningún cuento. Solo sé amar escribiendo. No dejes que me aleje así de ti.

Quizás algún día me creas. Caminan los años, ya han llegado muy lejos y yo sigo amando porque sigo escribiendo. Para mí no hay necesidad de creerse escritor o querer serlo, solo seguir escribiendo. Lamento decirte que ya no leo los textos llenos de musgo donde te amaba como a estar echado en el pasto y que solo ese espacio fuese un mundo inmenso. Entonces en ti, en las muchas ti donde he depositado mi yo y donde me he escondido, en esa mezcla extraña y heterogénea que ha resultado en versos y cuentos raros y que a veces ni yo comprendo cómo salieron, ahí encontraré que entre los diferentes labios y ojos y cabellos y cinturas que fueron destino de lo que escribo y que amé tanto, siempre hay un mensaje para mí mismo. Algo que quiero recordar. Y no es egoísmo. Es que he dedicado un pedazo de mí mismo a ti, entonces es parte de mí, pero es tuyo. Completamente tuyo.

En este momento no sé si te escribo a ti, o a mí. Ahora me tomo mi tiempo en encontrar destinatario. Pero no puedo seguir sin amar. Porque escribir es una segregación de mi imaginación. Parte de mí. Verás que viajo mucho, y sigo jugando, eso también es parte de mi esencia. Y tu esencia seguramente, porque por algo te escribo. En esta ambigüedad podrás darte cuenta de cómo parte de mí está en ti, y quizás ya estoy rebotando en tu cabeza; o felizmente recostado en ese mundo que imaginemos que está en tu pecho y que es como un planeta en miniatura. Déjame imaginarme tranquilo ahí que no te estorbaré. En parte, una pequeña parte, también me estoy escribiendo a mí mismo, y pienso en mí como destinatario de una carta perdida. Que no llegará a ninguna parte. Que no saldrá de este margen. Y como la olvidaremos, no nos importará que no hayan muchas cosas claras. Salvo el final: todo esto es una gran pregunta de arquitectura extraña. Olvídate del resto, y vamos a la cima, donde he encajado entre dos dignos signos de interrogación mi pregunta, con la que inicié, y contestemos juntos.

10.10.12


Los calatos a crayola
no se pueden marcar la piel
mas solo así se esconden los secretos
los secretos de una imaginación en ebullición